Cómo disparar la productividad del artista pintor
 

Cómo disparar la productividad del artista pintor





¿Le ocurre que...?

- Quiero dibujar y pintar muchísimo más.

- Estoy muy agobiado porque tengo poca obra artistica.

- No estoy nada cómodo en mi estudio..

- Paso de una actividad a otra constantemente, no me centro.

- Tengo un montón de obras empezadas y nunca las acabo.

- Cualquier otra cosa me entretiene.



¿Tengo solución?

Sí tiene solución. Se favorece la concetración y la productividad reformando su lugar de trabajo y cambiando su forma de pensar. Organizando el espacio de otra manera a la habitual de los artistas, se obliga usted mismo a concentrarse y a producir. Al notar que se concentra, que está más tiempo dibujando, pintando, se motiva y produce más. Elimine las "torturas mentales" que usted mismo sufre. Vea que sus posibilidades de progresar tienen un verdadero camino que puede andar.



¿No será esto un rollo, otra pamplina?

Este artículo no es una recopilación de Internet. Muchas web son eso, una simple recopilación de todos los consejos que el autor encuentra en la red, sean verdad o mentira. En mi caso, sepa que soy también artista pintor, que tengo una alta productividad, que estos consejos son fruto de mi experiencia personal, que desde hace tiempo he buscado cómo concentrarme más y cómo producir más. Es un método sencillo pero efectivo, que le arrastra a la concetración y a la productividad. También me he basado en la observación de los estudios o talleres de otros artistas famosos que tienen una alta productiviadad. Los artistas famosos están obligados a trabajar mucho, a producir, porque el mercado se lo exige y no han tenido más remedio que buscar la manera de hacerlo.



Comencemos:



¿Tiene mi estudio posibilidades?

Todo artista pintor debe tener un estudio (o taller, vamos a llamarlo "estudio" a partir de ahora para entendernos). Cada cual tiene un espacio de trabajo según sus posibilidades. Puede ser desde un pequeño rincón hasta una enorme nave industrial.

Un pintor que conocí hacía sus cuadros en el dormitorio del matrimonio, en el pequeño espacio que había entre la cama y la pared. Allí tenía un caballete veneciano, una silla y la caja de pinturas bajo el caballete. Cuando teminaba recogía y a dormir. Sin embargo, este hombre producía y vendía sus pequeños cuadros entre sus conocidos. Para mí era increíble que pudiera trabajar con tantas ganar en un lugar tan reducido. Pues la verdad es que se concentraba y pintaba todos los días.

Otro artista famoso, como muchos que usted conocerá, tenía una nave de un caserón en medio del campo. La nave era de quince por diez metros. En la nave pintaba un cuadrito sentado en una silla y con el lienzo sobre sus piernas. Tenía también tres enormes caballetes de estudio, que por supuesto usaba. Pero cuando pintaba cuadros pequeños le gustaba tenerlo en las piernas. En medio de aquella nave se veía al artista como si fuera un punto en medio de tanto espacio. En otra nave algo más pequeña tenía el taller de grabado; en otra, guardaba los cuadros y en otra, dibujaba. El estudio estaba separado de la casa familiar. Todas las mañanas se daba un paseo de unos cien metros por una vereda que le llevaba de la casa familiar al estudio.

Vale, un artista es muy pobre y otro muy famoso, pero los dos tienen algo en común: que se concentran pintando y producen mucho. ¿Y por qué? Por las posibilidades que le brida su espacio. Cada uno, en su estudio, solo puede trabajar creando obra y nada más.

Aquí está la clave, pregúntese: ¿En mi estudio solo puedo trabajar o tengo la posibilidad de hacer muchas más cosas que no tienen que ver con crear obra?

El pintor pobre tenía tan poco espacio que no se podía mover, para levartarse tenía que armar la de san Quintín, como estaba pegado al rincón de la habitación no tenía otra posibilidad que pintar.

El pintor famoso, cada mañana, salía de la casa familiar, caminaba los cien metros y se metía en su enorme estudio, pero solo tenía la posibilidad de pintar, dibujar, hacer grabado calcográfico y pis en un cutre aseo. En su estudio, aunque podía andar de un lado a otro, estaba en realidad encerrado en una jaula, en una ratonera donde solo podía trabajar y nada más, no podía hacer otra cosa.

Ha de analizar si en su estudio solo tiene la posibilidad de crear obra y nada más. Si en su estudio hay la posibilidad de hacer más cosas, ha de corregirlo inmediatamente y eliminarlas. En un estudio solo se va a trabajar como el que va a una fábrica para hacer pantalones, ordenadores, coches o a un banco para atender a clientes que ingresan y sacan dinero... ¿A que en la fábrica de pantalones no hay posibilidad de leer un libro, de ver la tele, de echarse en el sofá, de que le visite un amigo para charlar una hora, de que su esposa le diga que tiene que salir a comprar unos mandados, o que su hijo le diga que le explique el tema de Sociales? En la fabrica solo puede hacer pantalones durante ocho horas con quince minutos para el bocadillo. Pues tenemos que hacer lo mismo en nuestro estudio, si queremos concentrarnos y producir, hay que tener el estudio solo para trabajar creando arte... y nada más.

Hágase a la idea de que su estudio no es un santuario de arte con múltiples actividades como leer, pensar, recibir visitas, descansar, escuchar música... hagase a la idea de que su estudio es "La fábrica" donde va a producir, producir y producir, y nada más.

Actividad:

Haga una lista con las actividades de "creación artística" que usted desea hacer y otra con actividades que "no son de creación artística" y que realiza en su estudio. El objetivo es eliminar las actividades de la segunda lista.

CONCLUSIÖN: Ha de ir al estudio solo para crear obras de arte.


Mi experiencia

Cuando empecé de pequeño a pintar lo hacía en una terracita con mi caballete plegable, una silla y la caja de pinturas. Fue una etapa productiva. Estaba en las mismas condiciones que el pintor pobre. En mi casa no había espacio, en la terraza tenía que quitar cosas para instalarme y ponerme a pintar, y claro, tenía que aprovechar la mañana. Si paraba, mi madre estaba detrás exigiendo que le dejara la terraza para tender los trapos, de modo que no me levantaba para que no me echara.

Cuando tuve una casa, puse el estudio en una habitación. Era feliz. Pero mi productividad bajó enormemente. Mi habitación-estudio era de lo más incómodo: cuadros apilados, paredes llenas de pinturas y carteles, la mesa con toda clase de tubos, botes, latas, brochas secas, disolventes y productos raros. Le faltaba poco para que se pareciera al estudio de Francis Bacon. Sí, era muy romántico y típico de artistas, pero en el estudio de Bacon solo podía pintar él porque, supongo que tendría el síndrome de vivir en su propia basura, pero a mí, en realidad no me gustaba. Cuando estaba agobiado me salía del estudio para pintar en el salón, pero allí estaba mi mujer para regañarne porque la casa olía a aguarrás. "¡Ordena el estudio y limpia!", me sugería ella. Con buena voluntar sacaba todo, limpiaba y lo volvía a meter, pero al final me quedaba el estudio limpio e igual de agobiado. En pocos días estaba igual que siempre.

El problema era que en mi habitación-estudio no solo tenía la posibilidad de pintar, sino de hacer muchas más cosas, pues el estudio estaba en mi casa. Pensaba en comer y dejaba los pinceles para ir a la nevera y ponerme una buena merienda. Pensaba en la clase de Dibujo Técnico que tenía que dar en el instituto y dejaba los pinceles para prepararme el tema en el despacho. Pensaba que me faltaba algún tubo de óleo y me iba a comprar a El Corte Inglés. Pensaba que estaba cansado y me echaba en el sofá quedándome dormido. Escuchaba qué la gente gritaba porque habían metido un gol y encendía la tele para ver el partido. En mi habitación-estudio podía pintar, pero también la posibilidad de hacer muchísimas otras cosas diferentes. 

La baja productividad me perturbaba y, por el cabreo, solo quería ser profesor de Dibujo y no artista. Hasta tenía cerrada la puerta de la habitación-estudio para no verla ni entrar.

La crisis fue tremenda y entonces pensamos en buscar una solución: tener un estudio separado de la casa familiar comprando un piso en el barrio (como el artista famoso). Tras años de ahorro y ver posibilidades, pude tener un piso-estudio, es decir, una casa solo para pintar. Hice la distribución del piso teniendo una habitación para dibujar y librería enorme para leer, el salón para pintar, dos habitaciones de almacén de obras, la cocina para almacén y hacer grabados. 

Al principio el estudio estaba despejado, pero en pocos años se llenó prácticamente como la habitación-estudio de mi casa, con la diferencia de que tenía más cuadros sin terminar, más muebles, más libros, más CD, más lienzos por imprimar, cuadros más grandes, más herramientas de carpintería, más marcos por hacer, más planchas por grabar, más dibujos, más amigos que me visitaban, más fiestas en el estudio, más clientes que se tropezaban con las cosas, más arena, tierras, pigmentos, bastidores, disolventes, aceites, barnices, fijadores, paletas, trípodes para fotografía, trípodes para lámparas, laboratorio fotográfico, cubos enormes para papel hecho a mano. Al principio producía pero después "La fábrica" se paró. Al estudio venía todo lo que le sobraba a los demás: la mesa de mi suegra, el archivador de mi hermana, los muebles viejos del salon tras renovarlo, el zapatero, el espejo de pie, el perchero... Y por inri, hasta lo que me encontraba en la basura que me podría servir para pegar en un cuadro.

Yo no era una excepción, los estudios de los compañeros eran parecidos, más grandes o más pequeños, pero igual de agobiantes. El espacio real de trabajo equivalía a dos metros por dos metros porque lo demás eran cosas que ocupan espacio.


Me vino una iluminación

Un día me topé por casualidad con una revista en la que salía el reportaje del pintor Fernándo Botero en su estudio de París. Los ojos se me quedaron pegados a las fotos. Su estudio era grande pero sencillo: un ventanal, el caballete, un cuadro grande, una mesa auxiliar y cuatro o cinco cuadros apailados contra la pared. "¡Esto! ¡Esto es lo que yo quiero!", pensé. "Este tío (con perdón) solo puede pintar y en el estudio tiene lo justo, nada más". Y es que no se necesita más. 

Con el tiempo había convertido mi estudio en un almacén, en un trastero; sí, lleno de cosas relacionadas con el arte pero no me ayudaban a pintar, al contrario me paralizaban o me llevaban de una tarea a otra, de un entretenimiento a otro y terminando muy pocas obras. Es como si, por poner un ejemplo, tiene un estudio lleno de montañas de catálogos y libros de arte, y un reducido espacio para pintar; sí, el estudio está lleno de cosas de arte (los catálogos y libros), pero ¿de qué le sirven?


El cambio

Me dio por ver los estudios de muchos artistas famosos y la mayoría tenía lo mismo en común: una nave enorme, el lienzo gigante, una o dos mesas auxiliares junto al cuadro, una silla y poco más. Pero lo más común de todos los estudios era: mucho espacio libre. Cuando más grande era el estudio del artista famoso, más espacio libre tenía; cuanto más pequeño, más agobiado de cosa se encontraba. Parece que el que tiene poco espacio se dice a sí mismo que ha de tener muchisimas cosas para aprovecharlo.

Rápidamente me puse las pilas y decidí simplificar mi estudio y mi vida de artista. Me dije: "A partir de ahora voy a pintar de la siguiente manera: compro el lienzo ya hecho y no me complico en tener que imprimarlo; compro el óleo del mejor y no me complico haciendo el óleo artesanalmente; para disolver la pintura, solo aguarrás y un medium para óleo ya fabricado por una buena empresa y no me complico la vida haciendo diez recetas de mediums; nada de pegar objetos en los soportes de tabla y no me complico acumulando tierras de todos los colores, serrín, polvo de mármol, polvo de piedra pómez, maderas (que parezco una carpintería), revistas (más que en un quiosco), papeles y toda la basura que los demás tiran al contenedor; para dibujar solo buenos blocs de papel y grafito, y no me complico la vida con todos los papeles del mundo, hojas sueltas de todos los tamaños, rollos que se sueltan, recortes de trozos que me sobran, carpetas y dibujos que se esconden en los rincones; aquí lo que tengo es que pintar y dibujar con facilidad pero con calidad y estilo".

Dicho y hecho me puse a tirar y a tirar trastos sin piedad. Todos aquellos muebles que tenía por si me hacían falta fueron al basurero, hasta la nevera donde guardaba cuatro latas de refresco hice que se la llevaran unos chatarreros. Pensaba arrasar con todo lo que no me sirviera para ser un artista como tenía pensado.

Actividad:

Haga en su estudio una acumulación de cosas en dos grupos: a) cosas que me sirven para hacer directamente obras de arte y b) cosas que no me sirven para hacer directamente obras de arte.

CONCLUSIÓN: Todo los que no me sirve para hacer directamente obras de arte tiene que desaparecer del estudio. Puede ir a la basura, al reciclado, a casa, ser donado, a la caridad, a los chatarreros, a quien lo quiera...


El nuevo estudio

Tras la vertiginosa limpieza me quedé con lo siguiente:

Habitación para dibujar: mesa de oficina, sillón de secretaria y gran estantería.

Salón para pintar: Caballete de estudio, dos mesas auxiliares y tres armarios de reducido tamaño.  La misma silla de dibujar me la llevaba al salón para cuando pintaba, ni una más.

Dos habitaciones de almacén para la obra terminada: una para dibujos y la otra para cuadros.

Cocina: solo con la encimera y los armarios para guardar material nuevo y los embalajes de madera para enviar los cuadro.

Aseo: Bañera vacía, lavabo para las manos y limpieza de pinceles, váter y escobero de limpieza.

Fuera cortinas y puse tubos fluorescente de temperatura de color 86 en la zona de dibujar y la de pintar.


Nueva etapa 

Con mi estudio reformado y simplificado noté una gran mejoría. De nuevo tuve una etapa muy productiva. No tener que grapar los lienzos e imprimarlos, no tener que preparar pintura, no tener que pegar nada en los soportes hizo que solo me dedicara a pintar (que era lo que en realidad quería) y no entretenerme en otras cosas. Todo porque solo podía trabajar unas horas unos pocos días a la semana y se me iba el tiempo en preparativos. Ahora solo tenía que entrar en el estudio, echar óleo en la paleta, tomar un pincel y pintar. Antes, tenía tantas cosas pendientes que cuando iba a pintar estaba cansado.


¿Por qué no podemos ser felices?

A pesar de tener un estudio simple, con lo justo, comenzaron de nuevo las dificultades, los parones y el entretenimiento. La mesa de oficina para dibujar estaba a rebosar y en realidad me quedaba una cuadrado de cincuenta por cincuenta centímetos para dibujar donde los codos tropezaban con lápices, tubos de acuarelas, botes de témpera, tijeras, martillos, chinchetas, dibujos por terminar, hojas de acuarelas pegadas en tableros, los brik de los zumos y restos de bocadillos.

En la librería tenía ejemplares de arte, catálogos, manuales de técnicas artisticas, revistas, encicloperias, material de fotografía, cartas e invitaciones sin abrir, latas con pinceles, lápices de todas clases, trabajos escolares del alumnado. Por el suelo se ivan acumulando bolsas de la compra con material nuevo, ofertas de los bazares asiáticos, cajas de rotuladores incompletas y a medio secos..

En el salón de pintar tenía lienzos vacios de todos los tamaños, cuadros colgados por todas la paredes como si fuera un retablo, pinturas a medio hace, lienzos fallidos.

En los almacenes los cuadros se apilaban, se llenaban de polvo, tenía accidentes al moverlos, no podía limpiar el suelo nada más que por las partes libres.

Ahora solo dibujaba, pintaba, tenía solo cosas para trabajar, pero me agobiaba. En vez de trabajar me entretenía leyendo los libros de arte, repasando los conocimientos, revisando las técnicas artísticas, atendiendo al móvil, escuchando música clasica, colgando cuadros en la pared, quitándoles el polvo. Salía mucho del estudio, para tomar un café, para ir de comprás, para dar un paseo y relajarme, para hacer fotos en la calle. El resultado es que "La fabrica" se fue parando poco a poco... hasta que se paró del todo.


¿Y ahora qué?

¡Eso! ¿Y ahora qué te pasa? Tienes un piso-estudio sooooloooo para dibujar y pintar, has tirado todos los trastos. Lo único que tenías que hacer era sacar óleo del tubo y darle al pincel, poner la hoja y darle al lápiz y no haces ni una cosa ni la otra. ¿Qué excusa vas a poner ahora? ¿Por qué no pisas el estudio y prefieres hacer un bocetito en el sofá de la casa familiar en pijama y con la tele encendida? Ya estás como Fernando Botero en su estudio de París, con mucho espacio y con los materiales para trabajar, ¿por qué no produces como Fernándo Botero que tiene ochenta y pico de años y no para de producir?. ¡No me lo nombres, no me lo nombres al Fernando ese que me pongo malo! No tengo ni idea de por qué ahora que lo tengo todo ni me concentro ni produzco.


Hay que seguir

Vaya, ahora que estoy en la madurez no voy a tirar la toalla. Después de tanto sacrificio empezando a pintar de niño, de ir al la Escuela de Artes Aplicada, de ir a la Facultad de Bellas Artes, de hacer las oposiciones, de estar todo el día enseñando a hacer arte, de no tener un estudio, de haber tenido una habitación-estudio, de haber comprado un piso-estudio, de haber tirado todo lo que sobraba, ¿vas a dejarlo?

¡Claro que no! Pero la realidad es que no tengo ganas de pintar, no me concentro y no produzco, "La fábrica" ha quebrado, ha cerrado, ¡capú!

Tras un periodo en espera, había que buscar soluciones porque siempre está el gusanillo que te dice: "Dibuja, pinta". Y a rastras mueves el lápiz aunque por poco tiempo.


Encontré una posible solución..., ¿funcionará?

Busqué en la red. Puse: "cómo producir más" y empezaron a aparecer páginas y páginas, pero con humildad me puse a leerlas una a una, por orden y con el lápiz en la mano para hacer anotaciones. Había toda clase de páginas: para empresas, para talleres mecánicos, para oficinas, para el hogar, para lo que sea. Enseguida me di cuenta que unos se copiaban de otros y los diez, veinte o sesenta tips de recomendaciones se venian a repetir con más o menos extensión. 

¿Qué venian a decir? Pues, más o menos, que "a caminar se aprende camindo", es decir, que si te entretienes que no te entretengas, que si llegas tarde que llegues temprano, que si no te concentras que te concentres, que si eres un vago que te pongas a trabajar, que si no tiene novia que te pongas guapo y a buscar, que si gastas mucho que salgas sin dinero y así con todas las recomendaciones que aparecen en la red, vamos, pura lógica.

Pero tras tanta lectura decepcionante no pude solucionar mi problema. Hasta pensé en ir a un psicólogo que me pusiera en terapia, pero eso de tenderme en un diván a contale mi vida como una cotorra, la verdad es que no se me apetecía para al final llegar a la conclusión de que he de divorciarme (¿por que el que va al psicólogo siempre concluye que ha de divorciarse?). Además, ¿qué sabe un terapéuta de pintura, de dibujo, de habitaciónes-estudios, de pisos-estudios, de cuadros a medio acabar, de exposiciones, de vender cuadros, de tasaciones?. ¿Qué me iba a recomendar? Que acabe los cuadros diceéndome a mí mismo mil veces. "Tienes que acabarlos, tienes que acabarlos, tienes que acabarlos...".


Nueva iluminación mental

Veía la tele. Un reportaje de un banquero, uno de los hombres más ricos, hablaba maravillas de aquel hombre, claro, no iban a hablar mal, casi todos tenemos la hipoteca en uno de sus bancos. Pero viendo el reportaje, apareció una escena de él en su despacho trabajando. Vale, un despacho enorme con una mesa enorme vacía. ¡¡¡Vacía!!! ¡Que uno de los hombres que más trabaja y más decisiones toma tiene la mesa vacía, sin montañas de papeles hasta el techo! Es que ni bote de lapicero (de lujo aunque sea). Estaba sentado ante la mesa y al lado un secretario con una carpeta. El secretario le ponía delante un papel, el banquero lo leía, le pedía aclaraciones. Acababa firmando con su pluma sacada del bolsillo o rechazándolo, el secretario guardaba el papel y sacaba otro. Lo mismo: leer, preguntar, aclarar, firmar o rechazar y guardar el papel. Más sencillo imposible.

En otra escena un grupo de ejecutivos alrededor de una mesa llena de informes. El banquero llegaba y todos permanecían de pie. El banquero señalaba a uno de los ejecutivos para que hablara del asunto en cuestión, del que el banquero se acordaba perfectamente. El ejecutivo le contaba todo lo que tenía que decir y el banquero permanecía en silencio, ni interrumpia. Al final le daba una orden y al siguiente ejecutivo.

Tras el reportaje me quedé impresionado, la eficacia está en la sencillez, en lo simple, en la falta de complicación, en usar lo mínimo.


La mejor mesa

¿Cómo podía ser que tuviera una mesa de 160 x 80 centímetros y no pudieras trabajar en ella? Pensé alguna vez en comprar un tablero enorme con unos caballetes o burriquetas para que me sobrara mesa, pero pensé que daría igual, al final se llenaría de cosas y trabajaría en un mínimo espacio de 50 x 50 centímetros, lo que me dejaría libre todo lo que tendría alrededor. De modo que enfadado quité todo lo que había, las puse en el suelo y limpié con disolvente universal para quitarle todas las manchas que acumulaba de años atrás; luego le apliqué un limpiamuebles para que recuperara algo de brillo. Me senté ante la mesa vacía y me sentí como el banquero, con todo el poder en mis manos. Saqué un bloc de bocetos, un lápiz y me puse a dibujar. Llegó un momento que no pensaba dónde estaba y para mí solo existían el bloc, el lápiz y lo que dibujaba. No paraba. Pasaba el tiempo sin que lo notara y nada me distraía. 

Reflexioné para pensar qué había ocurrido. Concluí que apliqué el principio compositivo de "figura y fondo", la figura ocupa el centro y alrededor solo hay un fondo neutro que centra al espectador solo en la figura. La figura era el bloc, el lápiz y el dibujo y el fondo la mesa vacía sin nada alrededor. ¿Qué me pasaba antes? Que cuando dibujaba la vista se me iba a una tijera que había cerca y se me ocurría que tenía pendiente el cortar un lienzo, o a un tarro de linaza y se me ocurría que tenía pendiente hacer un medium, o a un martillo y se me ocurría que tenía pendien colgar unos cuadros. Al dibujar, cada cosa que había en la mesa me interrumpía el pensamiento y me llevaba a otra cosa que tenía pendiente o que se me ocurría que debía hacer. ¡Pero qué cosa más tonta y más simple! ¡Eres estúpido!, me decía.

Pensé en pintar con acuarelas. Guardé el bloc y el lápiz con el que dibujaba y puse en la mesa solo el bloc de acuarelas, la caja con las acuarelas, unos pinceles y un vaso con agua. Y de nuevo experimenté lo mismo, que pude trabajar, concentrándome y no distraerme. El tiempo se me pasaba sin darme cuenta.

¡Esta tontería es una maravilla! Trabajar en una mesa vacía y solo con las herramientas que necesitas. De aquí en adelante me propuse el objetivo de dejar la mesa vacía antes de empezar la siguiente actividad.

Por tanto, tenga en cuenta que. "La mejor mesa de trabajo, vacía te espera". Siempre hemos de tener la mesa vacía, poner lo necesario para trabajar, trabajar y retirar lo que hemos usado para dejarla vacía, poner lo necesario para la nueva actividad y así sucesivamente. Las mesa solo con lo necesario, sin distractores.

Actividad:

Deje vacía todas las mesas de trabajo y el caballete. Solo deje el flexo, lámpara de arquitecto, es decir, el sistema de iluminación. Guarde todo lo que tenía en la mesa en un cajón o armario accesible cerca de las mesa. Cada vez que vaya a realizar una nueva actividad lo hará con la mesa o caballete vacío.

CONCLUSIÓN: La mejor mesa, vacía te espera.


Buena orientación

Sentado ante mi mesa vacía, me estorbaba todo lo que dejé en el suelo y decidí ponerlo en un estante con los libros, de modo que en la habitación de dibujar solo estaba la mesa, el sillón, cuadros colgados en la pared y un enorme estante con libros, catálogos y materiales de todo tipo.

De nuevo me senté ante la mesa vacía y enseguida empecé a sentirme mal. No sabía qué me pasaba, lo que me di cuenta es de que estaba incómodo. No era lo mismo la mesa llena de trastos que vacía. No estaba bien colocada en la habitación. De modo que empecé a moverla buscando la posición que me agradara. Hasta que di con la posición más cómoda y que me gustaba. ¿Sabe cuál fue? Pegada en una esquina y contra la pared, ahí es donde sentía que estaba bien, cómodo, listo para concentrarme y producir.

Lo mismo me pasaba con el caballete de estudio que tenía en el salón, estaba al lado de una ventana, lógico; pero no era el lugar más acogedor para mí. De modo que empecé a mover el caballete por toda la casa hasta encontrar un lugar cómodo.

Por tanto, determine qué actividades son las que va a hacer (dibujar, pintar, grabado, hacer papel) y no se ponga en el primer lugar que haya libre, sino que busque el lugar donde esté a gusto, cómodo, agradable, acogedor. Si elige un lugar, pruebe unos días y si acaba no gustándole, cambie.


Las zonas del estudio

Si solo dibuja lo tiene sencillo, una mesa, un sillón y a trabajar en el lugar más acogedor que pueda encontrar, pero normalmente realizamos muchas actividades. Debe determinar las actividades y las zonas del estudio.

Haga ahora su lista de actividades y qué zonas le son más agradables para realizarlas.

Por ejemplo:

-Zona para dibujar.
-Zona para pintar.
-Zona para hacer grabados.
-Zona para papel hecho a mano.
-Zona para imprimar lienzos...

Pero no olvide otras zonas importantes:

-Zona para almacenar obras terminadas.
-Zona para almacenar material nuevo.
-Zona administrativa de promoción y venta.

Tenga en cuenta que una zona puede tener a la vez varios usos, por ejemplo, dibujar, pintar a la acuarela, a la témpera, hacer collages, se pueden hacer en la misma zona de dibujar. Lo mismo con la zona de pintar al óleo, acrílico, temple, encáustica.

Lo único que debería estar aislado es la zona de almacenar obras terminadas, para que no se puedan manchar, estropear, tener accidente. Si su espacio es pequeño (una sola habitación) estudie cómo almacenar las obras terminadas sin que se puedan estropear accidentalmente.

Actividad:

Escriba una lista de todas las actividades que son para crear obras de arte directamente. Por ejemplo: dibujar a lápiz, pintar a la acuarela, pintar con témpera, grabar planchas de metal, hacer linóleo, dibujar a la cera, pintar al óleo, pintar al acrílico, imprimar lienzos o madera, dibujar bocetos... A continuación decida dónde va a realizar cada una de las actividades. Varias actividades pueden hacerse en una misma zona. Haga un mapa de su estudio y de las zonas.

CONCLUSIÓN: Decidir cuántas zonas necesito y qué actividades realizaré en cada zona.


¿Vale cualquier mueble?

Ya sabe que tiene que trabajar en un espacio previamente vacío, que el espacio debe ser el más acogedor, pero ¿y los muebles? Ese problema también me lo he plantado muchas veces y he pensado en comprar muebles lo más adecuado posible a la actividad, pero...

Una anécdota. Siempre he dibujado en una mesa de oficina, más grande o más pequeña, con cajones o sin ellos. pero siempre he añorado el tener una buena mesa de dibujo profesional, abatille, con su pedal hidráulico para inclinar el tablero, ha sido el sueño de mi vida. Un año, como trabajo de profesor de Dibujo, me trasladaron de instituto y, ¿qué me encontré en el seminario del profesorado? Una estupenda mesa de dibujo enorme con pie hidráulico y tecnógrafo con sus reglas y botón para ponerlas en todos los ángulos posibles. ¡Guau! El sueño de mi vida se hizo realidad y usé la mesa todo el curso. ¡Qué año más incómodo pasé, qué tortura con la dichosa mesa de dibujo "super mega profesional"! ¿A quién se le había ocurrido comprar esa mesa? ¡Qué horror! Al final me enteré que aquella mesa super mega profesional la dejó un antiguo profesor de dibujo que dio clase allí hace muchos años. El profesor la "donó" al centro, pero ya sé lo que pasó, no fue que la "donó", fue que aquel hombre se liberó de tener en casa o en su estudio aquel trasto, no le importó perder el dinero que le costó.

Cuando me ponía a dibujar, a corregir actividades, o a hacer gestiones administrativas tenía que tener la mesa horizontal pues si la inclinaba empezaban a rodar los lápices, bolis y todo lo que tuviera. La incliné un par de veces hasta que decidí que era mejor no inclinarla, luego el pedal hidráulico no me servía para nada, era una prestación del mueble inútil que no iba a volver a usar.

El tecnígrafo con sus reglas tampoco lo podía usar pues tenía que quitar todos los libros, dibujos del alumnado, material de escritorio. Al final lo mejor que hice fue desmontar el tecnógrafo que se quedó arrumbado junto a una pared.

La super mega mesa era alta y le acompañaba un banquito alto y redondo sin respaldo que a los cinco minutos me daba dolor de espalda. Terminé por bajar la mesa lo más posible y usar un sillón tipico de secretaria.

Total que poco a poco convertí la super mega mesa en una mesa de oficina corriente y moliente.

Entonces, ¿para que se venden las mesas de dibujo? Pues para eso, pasa pegar un papel, hacer un dibujo técnico y no desprenderlo hasta que se acabe o para pegar un papel Ingres y hacer un dibujo al carbóncillo hasta terminarlo, pero no la puede emplear para otra cosa distinta. Si haces actividades variadas, lo mejor es una mesa de oficina.

Un día visitamos con un grupo de alumnos y alumnas un estudio de arquitectura y me di cuenta de que el que estaba en la mesa de dibujo tenía la super mega mesa en posición vertical y un carrito auxiliar con el material, claro, así sí se puede. En la mesa solo podía dibujar, pero nada de poner libros, blocs, botes con lapiceros... para eso no es.

Le comenté a un compañero de dibujo el caso de la super mega mesa, pero me sorprendió diciéndome que a él le encantaban, que tenía una en su casa, que siempre la usaba y que trabajaba cómodo. Arrugué el ceño y me quedé sorprendido. Tuve que ir a su casa para creerlo. Vi que la mesa no tenía pie hidráulico sino un palanca lateral para apretar, que la mesa estaba "un poquito inclinada" para que no le rodaran los lápices hexagonales y estaba lo más baja posible usando un sillón de secretaria elevado lo más posible. Y lo peor, al lado tenía una mesa de oficina para hacer todo lo que no podía hacer en la mesa de dibujo. En conclusión, que su despachos tenía dos mesas agobiando el espacio y la de dibujo era casi como la de oficina. ¿Para qué quería dos mesas si en la de oficina podría hacer todo?

Mi reflexión y experiencia fue que en la vida me comparía una super mega mesa de dibujo ni siguiera una sencillita, mi mesa de 160 x 80 centímetros era estupenda y tenía de sobra.

Por tanto, lo importante no es que los muebles sean profesionales, sino que la utilidad sea real. Si quiere una mesa solo para dibujar (y nada más) cómprela, pero que sepa que no le va a servir para otra cosa.

Sin, embargo, hay muebles profesionales que son insustituibles como el caballete de estudio con manivela que cuanto más grande mejor. Todos mi amigos pintores tienen uno y siempre sueñan con el caballete de manivela. En él puede pintar un cuadro pequeñito o enorme. Un caballete debil, hecho con cuatro maderas y que tiembra o se desplaza con cada pincela, es muy incómodo.

He observado muy detenidamente las fotos de los estudios de los artistas famosos y casi la totalidad usa los siguientes muebles:

-Un caballete de estudio muy grande (o varios).
-Una mesa auxiliar con cajones o estantes habilitados con ruedas. Ahí tienen la paleta, colores, botes, pinceles, disolventes y mueven la mesa facilmente a su antojo con comodidad.
-Un buen sillón para pintar sentado, si quieren; pues también pintan de pie.
-Una mesa amplia para dibujar. He visto mesas de oficina o el tipico tablero gigante con caballetes. Pero no he visto super megas mesas de dibujo. Algún que otro ilustrador tenía una mesa de dibujo pero poco inclinada para que no se le chorrearan los botes de lápices, de colores, de pinceles, cajas...
-Armarios con cristal para guardar material nuevo y que no se llenen de polvo o suciedad.
-Estanterías metálicas para almacenar cuadros.
-Archivador metálico de 7 u 8 cajones para guardar obras en papel y cartón.

La procedecencia del mueble no importa, puede venir de una magnífica tienda de equipamiento para oficinas o encontrado en la basura, pero lo que sí importa es la transformación de se realiza para que sea útil. Por ejemplo, una antigua mesilla de noche de tres cajones la transformé en una útil mesa auxiliar. Le puse ruedas y le pegue un tablero más ancho encima para que la superficie fuera amplia. Ahí tengo todo lo necesario para pintar y la mesa va donde pongo el caballete. Si pinto de pie la alejo si pinto sentado la acerco.

Actividad:

Ocupar y sentarse en una zona. Estar ahí sin hacer nada unos diez minutos aproximadamente. decidir si en ese lugar, espacio, orientación nos sentimos cómodos, a gusto, relajados, felices. Si no estamos a gusto, mover los muebles hasta conseguir que estén en la mejor orientación posible. Hacer lo mismo con las demás zonas.

CONCLUSIÓN: Que los muebles estén en un lugar u orientación en el que nos sintamos a gusto.


Un retrato muy fastidioso

¡Qué bien! Dibujo con la mesa en una esquina y contra la pared. Vacía, solo poniendo lo que necesito en ese momento. Me pongo a dibujar y la vista se me va a la pared donde tengo para decorar el retrato de "La muchacha de la perla" de Vermer. Ella me mira mientras trabajo. Es tan guapa que me distre. Se me va el pensamiento y no me concentro. ¡Pero qué pasa! ¿Me vas a distraer?

"Sí, te voy a distraer. Estoy aburrida aquí pegada en la pared y no tengo otra cosa que hacer nada más que mirarte y sonreíste levemente", me imagino que me dice la muchacha de la perla.

¡No puede ser! Te voy a castigar. De modo que desprendí la lámina y la pequé en la pared que tenía en la espalda. Pero en prevención, también quité el "autorretrato" de Delacroix y el "Saturno devorando a su hijo" de Goya. Al final, nada delante de mi vista, solo una pared vacía.

De nuevo el principio de "figura y fondo", de modo que la figura sea lo que haces y en el fondo (la mesa y la pared de enfrente) no haya nada. De este módo conseguí la concentración máxima.

Viendo estudios de artistas famosos, me he dado cuenta de que muchos son aburridos, paredes vacías, sin decoración, algunas solo con manchas. Es para evitar la distración y centrarse solo en el cuadro. Eso de estar muy a gusto en el estudio es peligroso, sobre todo si es estar muy a gusto para hacer cualquier cosa menos pintar.

Intente que en su mesa y en la pared de enfrente la vista no tenga distractores y que la decoración esté a su espalda. Que el ojo no tropiece con nada, sino con los útiles de trabajo.

Actividad:

Estudie cada mueble que posee. Vea si es necesario o es mejor deshacerse de él. Contemple la posibilidad de mejorarlo modificándolo, añadiendo o quitando. Piense en si realmente necesita un mueble nuevo, ya sea comprándolo nuevo, de segunda mano, estando pendiente por si lo encontramos en la calle o de un conocido que no lo quiera y nos venga bien. Ha de estar a gusto con cada mueble.

CONCLUSIÓN: Cada mueble ha de realizar perfectamente su función.


¡A tirar!

Si en una casa se acumulan cosas y más cosas, en un estudio todavía más, porque uno ve espacio libre y parece que tenemos la obligación de ocuparlo, como si perdiéramos dinero por mantener un espacio sin nada. Pero es que cuanto menos estorbos y trastos tenga más se centrará en el trabajo.

Ahora está la moda del "minimalismo decorativo", es decir, de tener lo mínimo, con espacios libres, conservando lo que te da felicidad y tirando lo que te desagrada. El resultado es que tu casa deja de ser un trastero o almacén donde abres un armario y se te caen las cosas encima, cosas que ni usas, ni vas a usar en la vida.

Parece que la regla del consumismo es comprar y guardar. De esta manera, como lo guardas todo, necesitas más armarios, más cajones, más baúles de plástico con ruedas, más organizadores para debajo de la cama, lás rinconeras, más cofres de resina, convertir una habitación en vestidor... En las tiendas hay inventos para que guardemos todo y no tiremos nada.

La casa o el estudio, da igual, se va llenando de cosas que permanecen dormidas y que muchas veces te olvidas hasta de que las tienes. Cuando he hecho limpieza del estudio he descubierto cosas que ni me acordaba que existían.

Pero no se puede ser minimalista si no se tira, si no te desprendes de todo eso que te sobra y que te resistes a eliminar.


Lápices y lápices

He llegado a tener cerca de doscientos lápices de grafito. Pero el 95% eran escolares, de oficina, de los bazares asiáticos. Un lápiz era para mí un capricho. Por supuesto, también tengo lapices profesionales de las mejores marcas. 

El problema es que la mayoría son lapices de poca calidad. Tenía lápices para gastar durate veinte vidas seguidas una tras otra. Claro, me planteé parar, no compran más e ir gastándolos para quedarme al final con lo profesionales. Pero era un objetivo imposible, un lápiz tarda mucho en gastarse, la mayoría de los lápices no se gastan, se pierden y tomas otro. Que se te pierda un lápiz malo es una alegría porque así no lo tienes que gastar. Mi problema con los lápices me daba mucha infelicidad. Pero de pronto me vino la clave que dicta el nuevo "minimalismo decorativo", que no se puede organizar y tener orden si no se tira lo que no te vale ni lo que te hace infeliz. Si quiero disfrutar solo de los lápices profesionales tengo que desprenderme de los lápices malos y no dejarlos en el estudio como un trasto más. De modo que la decisión fue tomada, reuní en una bolsa todos los lápices malos y los doné. Ahora tengo solo lápices profesionales con plena satisfacción, hasta para escribir la lista de la compra.

Un cliente vino a mi estudio y entre los tubos de óleo tenía un par de una marca muy barata que usan los que empiezan a pintar. Al cliente le llamaron la atención esos dos tubos y no se fijó en todos los demás que eran de marca profesional. Aquellos tubos baratos estaban arrumbados en la caja de colores desde hace años, no los usaba, solo usaba los colores profesionales. Pues el cliente se fue con la idea de que yo también usaba los mismos malos colores que él usaba para pintar su paisajes de aficionado. Ese cliente seguro que comentaría que yo usaba los mismos colores que él.

En algunas fotos del estudio de pintores famosos se ven las marcas de los materiales que usan. Raramente encontrará una marca para aficionados. En una foto de Tapies, el artista exprimía un tubo de acrílico Rembrandt. Me sentí aliviado de que usara una marca profesional y no cualquier lata de color para pintar paredes. Cuando algún día tenga un Tapies (soñando despierto) tendré la tranquilidad de que usaba pintura profesional y no cualquier porquería.

Actividad:

Sobre una mesa haga montones separados con el material que sea del mismo tipo: lápices, bolis, pinceles, gomas, tubos de pintura, tarros, aceites, medios... Desheche los que no funcionan, los que esten rotos. Quédese con lo que es de calidad profesional y tire lo que sea de calidad escolar, de aficionado, malo. Hasta para una pruebecita de nada use material profesional de alta calidad.

CONCLUSIÓN: Use solo material profesional y de la más alta calidad que pueda permitirse.


Quédese con lo necesario.

La misma filosofía he seguido con los demás materiales y trastos que tenía en el estudio. Me he quedado con lo que me da felicidad. Puede hacerse las siguientes preguntas para decidir si una cosa se queda en el estudio o se va:

-¿Me da felicidad?
Me pongo delante de mi mesa auxiliar, la toco, reflexiono si me da felicidad, si me agrada, si me da comodidad. De pronto pienso: "Sería perfecta si el tablero fuera algo más grande". Y le pegué un tablero mayor. Ahora soy completamente feliz con mi mesa auxiliar. 
Me puse delante del frigorífico del estudio, lo toqué, lo abrí, estaba casi vacío con una lata de refresco. "Qué infelicidad", pensé. "Tener una nevera las 24 horas del día encendida consumiendo luz para tener fresca una o dos latas". No me gusta, estaría mejor sin el frigorífico, se va. Se la di a unos chatarreros.

-¿Es irreparable?
Tenía un ventilador que no funcionaba. Llevaba años acumulando polvo en un rincón del estudio. Mi intención era desmontarlo y arreglarlo, y si yo mismo no podía, llevarlo a una tienda de reparación. "¿Voy a perder tiempo arreglándolo en vez de pintar o dibujar? ¿Me voy a gastar dinero en que lo reparen cuando me va a costar lo mismo que uno nuevo?", reflexioné. Lo terminé dándolo al chatarrero.

-¿Sirve? ¿Lo usaré?
Una cosa es que me sirva de verdad y otra que me puede servir algun día. Los guardo "por si... " es una trampa para guardar y no tirar. Cerciorese de que va a tener un uso frecuente y no que si algún día me dará por sacarlo y a ver si se usa. Las cosas corrientes deberían tener fecha de caducidad, por ejemplo, tirar si no se usa en uno, dos o tres años. Además, las cosas que se tiran, si se volvieran a necesitar (de verdad de la buena) suelen conseguirse facilmente. Guardaba tubos de pintura de una marca de poca calidad "por si algún día podría aprovecharlos", el caso es que cuando me decidí a hacer unos bocetos con la pintura estaban algunos tubos con la pintura dura y otros con el aceite medio derretido y chorreante. ¿Para qué he guardado decenios tubos de pintura por si... ? En la actualidad jamás se me habría ocurrido comprar ese tipo de pintura tan mala y tampoco la fabrican. Cualquier marca de ahora es mejor. 

-¿Cuándo lo usé por última vez?
Es algo parecido a "¡lo usaré alguna vez?", pero al revés. Me dio por aprender a fabricar papel hecho a mano. Me compré todos los cachivaches, hice un montón y luego todo se quedó almacenado en el estudio. Jamás volví a hacer papel, pues no me fío de mi propio papel y es mucho más fácil comprar un papel de un buen fabricante que nunca superaré en calidad haciéndolo yo. Fue una experiencia, saber cómo se hacía, probar, pero mi intención nunca fue hacerme autosuficiente fabricando papel. Otro decenido o más con el cacharrerío ocupando un espacio que podría estar libre. Lo tiré.

-¿Es el mejor de varios similares?
Tenía botes de témpera de calidad artista, de calidad estudio, de calidad estudiante, y de calidad infantil para aplicar con los dedos. Siempre he tenido una gran varidad de calidades. Sé perfectamente que no voy a usar las calidades inferiores, pues los tiré.

-¿Se puede comprar facilmente de nuevo porque es barato?
He acumulado rulos y hojas de papel en el estudio que se han acabado estropeando y cuando iba a usarlo o estaban doblados, con arrugas o amarillentos. Es mejor no acumular cosas que se pueden comprar fácilmente en cualquier momento. Un pliego, un rulo, un bloc se puede comprar y no hay que tener un arsenal esperando a ver cuándo se usa. El material "fresco" es el mejor. Si compramos 10 lienzos de golpe es porque los vamos a ir usando y no vamos a estar yendo a la tienda 10 veces; pero si lo vamos a tener guardados años, es mejor comprarlo uno a uno, según se van gastando.


Una a una 

Tras mucho esfuerzo ha logrado organizar el espacio, vaciarlo, simplificarlo, pero ahora se pone a trabajar y se encuentra con que tiene un lienzo manchado esperado a que se seque, otro a medio terminar, otro aplicando una veladura, otro haciendo el dibujo, es decir, que tiene un monton de obrar empezadas y ninguna terminada. Comienza el agobio porque todo está iniciado y no se ve el resultado. Tiene un grave problema.

El problema es que la impaciencia de estar ocupado le puede y quiere hacer mucho, tiene prisa. Eso de llevar varias obras a la vez es de lo más frustrante y menos productivo. En realidad es como si no quiesiera terminar ninguna obra, no vaya a ser que no nos satisfaga. Por tanto, hay que terminar una obra y después comenzar otra. El contemplar las obras terminadas y no a medio hacer, le da mucho ánimo. Lo peor es tener un cuadro ahí sin saber cómo terminarlo y nos evadimos comenzando otro.

¿Qué hay que hacer para terminar un cuadro? Emplear las técnicas que conocemos que nos permite seguir el cuadro sin necesidad de esperar. Por ejemplo, si realizo el manchado de un cuadro por la mañana temprano y tengo que esperar a que se segue dos días para continuar con la siguiente capa, para no perder el tiempo empiezo otro. Lo mejor sería manchar con acrílico, temple, medio de secado rápido, pintar húmedo sobre húmedo o hacer el cuadro en una sola capa. Seguro que usted puede hacerlo más rápido.

Para una serie de cuadros que pinté seguía el procedimiento de: dibujo, manchado, capa final, veladura y barnizado. Ante el lienzo en blanco tardaba en dibujar porque debía pensar el motivo. Después manchaba con óleo y trementina, y debía parar un día a que secara. Eso me desesperaba y empezaba otro cuadro. Cuando retomaba el primero daba la capa final que debía esperar a que secara más de una semana. Por otro lado ya llevaba tres cuadros a la vez. A la semana aplicaba las veladuras y así hasta llegar al barnizado.

Decidí cambiar el método de "fabricación". Para acortar el tiempo de dibujar el motivo, en casa hacía bocetos y cuando iba al estudio no tenía que estar pensando qué dibujar en el lienzo. Para el manchado empecé a diluir el óleo con Liquin (médium alkídico) que en medio día estaba seco al tacto. La capa final la realizaba con más precisión y abandoné las veladura. Finalmente barnizaría los cuadros cuando tuviera 10 o 12. Aún así, seguía haciendo varios cuadros a la vez, pero acortando el tiempo.

En una inauguración charlaba con un galerista amigo. Se quejaba de los artistas en general. Decía que somos unos vagos y eso que no paramos de crear obra. Claro, como galerista le importaba tener obras para vender y se quejaba de que, en general, producimos poco. Decía que:

"No puedo esperar a que pintes los cuadros para montarte una exposición. Los pintores no se dan cuanta que es al revés, tienes muchos cuadros ya hechos y por eso podemos hacer una exposición tras otra".

"En cuanto empiezas a tener éxito de ventas con un pintor, enseguida se queda sin obra, al galerista le piden cuadros de aquí y de allá y no puedes satisfacer la demanda porque producen poco. Así no se puede hacer negocio. Si el tendero no trae Cola-Cao de la fábrica, no se puede vender... y la gente quiere Cola-Cao".

Para mi amigo galerista la obra de arte es un producto más y le llama Cola-Cao. Dice que a los coleccionistas le gusta el Cola-cao, que el galerísta vende Cola-cao y que el artista es el que fabrica el Cola-Cao. Su problema como galerista es que no encuentra suficiente Cola-Cao para vender.

"Los artistas deberían estudiar marqueting en la Facultad de Bellas Artes", dice mi amigo galerista. "No se pueden meter en el negocio del arte solo sabiendo manejar los pinceles. Han de saber de promoción y venta. No saben que hay un IVA, gastos, márgenes, porcentajes, descuentos, tasaciones. Sois "artistas en las nubes".

"Para mí el pintor ideal es el termina un cuadro por la mañana y lo puedo vender esa misma tarde".

De modo que con esa regañina, pensé que mi amigo galerista tenía razón. Claro, desde el punto de vista del puro materialismo económico, pero de lo que sí me convenció es de que hay que producir más.

Si mi amigo ahora me pide un cuadro no se lo puedo llevar, porque los tengo a medio hacer, sin barnizar, sin enmarcar (si se quiere enmarcar). Y me planteé que debía obtener la misma calidad y terminar las obras una a una y con más rapidez.

Hice los bocetos en casa, dibujaba sin tener que pensa sobre el lienzo y pintaba el cuadro con una capa. De esa forma me acostumbré a terminar un cuadro antes de empezar otro y a barnizarlos cuando tenía un montón.

Uno tiene en la mente que todo ha de ser de la manera tradicional, paso a paso, pero también acabamos acostumbrándonos a hacer las cosas igual de bien y más rápido. Mi padre decía que la diferencia entre él y un fontanero profesional era que él tardaba tres días en areglar un grifo y el fontanero hace lo mismo en media hora. Ahí está la profesionalidad. Seguro, pero seguro, que usted puede hacer obras con la misma calidad pero con métodos más rápidos.

Actividad:

El siguiente cuadro que pinte, piense cómo puede hacerlo con menos pasos, más sencillo, con menos tortura, con otros materiales.

CONCLUSIÖN: hay que trabajar con calidad y rapidez.


Cómo no hacer cuadros uno a uno

Creo que solo hay una posibilidad de hacer muchos cuadros a la vez y no uno a uno. Cuando se plantea uno pintar una "serie". Por ejemplo, supongamos que quiero hacer una serie de 20 cuadros de veleros antiguos. Para hacer esta serie hay que planificarlo muy bien previamente y organizarse. Primero hacer bocetos de los 20 veleros, segundo comprar los 20 lienzos, tercero dibujar los 20 veleros en cada lienzo, cuarto manchar todos los cuadro, quinto pintar la capa final... En definitiva es pintar 20 cuadros como si en realidad la serie fuera un solo cuadro (pero a trozos). Con una planificación perfecta podrá acabar toda la serie porque la toma como un solo cuadro donde aboceta todos los motivos, dibuja todos los lienzos, pinta todos los cuadros.

Actividad:

Piense en hacer una serie con algo en común. Plántee cuántas obras serán (5, 10, 30, 100...). Dibuje un boceto definitivo de cada cuadro. Cuando termine todos los bocetos, piense que ahora está preparado para llevarla a cabo. Ha aprendido a hacer muchos cuadros como si fuera uno solo.

CONCLUSIÓN: Una serie es un solo cuadro hecho a trozos. Véalo así y le costará menos trabajo.



Cómo aprovechar los años, pues se pasan volando

Las vacaciones se pasan volando, enseguida llega la Navidad, la Semana Blanca, la Semana Santa, la Feria, el cumpleaños. Ha pasado un año y no nos hemos dado ni cuenta, pero es que pasan cinco y tampoco. El problema es que hacemos memoria y solo hemos dibujado o pintado unas cuantas obra. Te entra el pánico, has de espabilar.

Todo esto se soluciona siendo productivo, constante, trabajador. Si quieres tener obra no hay más solución que imponerse un horario y cumplirlo.

Cuando vuelvo la vista atrás y pienso en los periodos productivos, ¿por qué pasó? Porque estaba sometido a un horario voluntario o involuntario. Por ejemplo, cuando era pequeño pintaba al óleo todos los sábados por la mañana. Cuando estaba en al Escuela de Artes Aplicadas iba de lunes a viernes de 17.00 a 21.00 horas. Cuando estaba en la Facultad de Bellas Artes asistía de lunes a viernes de 8.00 a 14.00 horas. Pero cuando el trabajo solo dependía de mí, el horario empezaba a fallar:unos días mucho, otros poco y muchos nada de nada. Cuando iba al taller de grabado a perfeccionarme iba todos los lunes de 18.00 a 22.00 horas. 

En conclusión cuando he tenido un horario he producido muchísimo, pero porque me obligaban.

El problema es que uno mismo se imponga un horario y, ¡ja, ja, ja!, llegar a cumplirlo. eso no suele ocurrir, pues cualquier otra cosa que suceda es más importante que el horacio del pintorcillo.

La clave del horario para producir es: "Cuantas menos horas mejor y los mismos días a la semana". No se imponga un horario de fantasía, por ejemplo, cinco horas de lunes a viernes por las tardes, porque no lo va a cumplir. Es mejor imponerse dos horas dos días a la semana o cinco horas un día a la semana, pero nada nada de fantasías horarias. Lo que funciona en la producción es la regularidad. La vez que más he producido fue cuando me impuse ir al estudio los sábados de 8.00 a 15.00 horas. Ese horario durante años fue de lo más efectivo. 

De modo que planifique un horario "mínimo" y "regular" que pueda realmente "cumplir" y verá cómo se dispara la productividad.

Mi padre era poeta aficionado y hacía un poema a la semana aproximadamente. En un año se hacía 52 poemas y en 10 años 520 (hizo poemas toda su vida). Creo que un autor con 520 poemas no es una cifra nada desdeñable. Pero mi padre nunca se sintio agobiado, disfrutó haciendo poemas y tuvo una gran productividad. El poco trabajo, pero regular, le hizo ser productivo, iba a su ritmo, según sus posibilidades reales.

Actividad:

Pongase a crear un horario realista para usted. Empiece por cuántos días a la semana puede pintar. Después, cuántas horas es lo mínimo para hacer algo en el estudio. Póngase de acuerdo con su familia de que tienen que respetarle esas horario. Si su horario coincide con otro horario que tengan ellos mucho mejor. Por ejemplo, si ella va a clases de flamenco, aprovecho para pintar. Por nada del mundo deje de cumplirlo, obliguese a cumplir el mínimo. Si no lo cumple, repase el horario y póngase menos días y horas.

CONCLUSIÓN: Más vale menos horas, menos días, que no hacer nada y las obras irán creciendo y creciendo.



Ha de tener mentalidad de artista

Hay artistas que sufren mucho, porque tienen la mentalidad de una persona normal y corriente, pero para ser artista hay que tener "mentalidad de artista", si no, no podrá soportar este trabajo oficio o vocación. 

Vamos a ver la diferencia entre la "mentalidad normal" y la "mentalidad de artista", aunque no sea del todo cientifica.


Nació así

Un artista no duda de que es artista (más bueno a más malo) pero no duda de que nació con un don, con un talento. El ser artista viene con usted desde que le crearon sus padres. No sabémos por qué (ni le importa) pero sí sabe a ciencia cierta que usted es artista. Su familia lo ha visto (o sufriendo) desde pequeño. Por ejemplo, su padre siempre se ha sorprendido, admirado, emocionado cuando cantaba, dibujaba, interpretaba...

Pero lo que usted no sabe es que nació artista y se morirá siendo artista, pinte o no pinte, cante o no cante. Vamos, que el artista nace con esa característica quiera o no, de la misma forma que se nace con ojos verdes, pelo castaño, piel blanca como la leche o cualquier otra característica. Imagine que hay un ángel que va repartiendo cualidades desde el cielo a los niños que nacen. Cuando el ángel tenía en la mano la cualidad de "artista" le tocó a usted. En España se dice: "Este niño tiene ángel", es decir, que es artista en cualquiera de las artes. Evidentemente esto es una creencia, nada demostrable, pero lo peor que hay es un artista que dude de si es o no artista.

Que haya nacido artista no pronostica el futuro. Solo la madre de Picasso supo pronosticar que su hijo sería un genio, ¡cómo de evidente sería! Ella dijo de su hijo que si él fuera cura llegaría a papa, si fuera soldado llegaría a general. Las cualidades de artista de Picasso eran tam notables que cualquiera se daba cuenta.

Puede que usted se desarrolle como cantante, estudie música, haga espectáculos o, por el contrario, solo cante en la ducha y no sepa leer una nota musical. El éxito o el fracaso es otro tema, pero jamás le elimina la idea de que nació así, artista.

Sepa que usted nacio artista y no lo puede evitar.



Es pintor el que pinta

Vale, vale, nací artista, pero yo no pinto nada. Efectivamente, en las artes todos tenemos el mismo problema que cuando hacemos arte somos artistas pero cuando no trabajamos ni nosotros mismo nos atrevemos a decir que somos artistas, nos da vergüenza. La mente normal piensa que un pintor hace cuadros, que un cantante canta, que un bailarín baila; pero también piensa que el que no hace cuadros ya no es pintor, que el dejó de cantar fue cantante y que el que dejó de bailar fue bailarín. 

El problema es que el artista cuando está activado se considera artista, pero cuando está desactivado se considera "un nada" (algunos hasta una porquería de persona). A un pintor se le pregunta: "¿Qué estás pintando?". Como el pintor diga: "Nada". La gente le mira como si ya no fueras pintor y hasta uno dice: "Ahora me estoy dedicando a cultivar lechugas".. Esto solo ocurre en el arte, pero no en otros oficio. El carpintero de mi bloque que ya murio siempre fue "Pepe, el carpintero" aunque hacía veinticinco años que se jubiló y solo se dedicaba a pasear al perro.

Por tanto, sepa que usted nació artista porque le ha tocado un ángel. Haga o no arte, sigue siendo artista. Pero como es pintor, pinte, aunque sean dos líneas al día. Cuando le pregunten: "¿Pintas?". Responda: "Todos los días".  Y no pasará vergüenza.


Sin agobios

Como si deja de pintar no se siente pintor, le sobrevienen los agobios , obsesiones, preocupaciones y estrés. Por eso un verdadero artista tiene la mentalidad de estar siempre creando. Si es pintor hay que pintar lo que sea, pero pinte.

Lo importante es pintar y no lo que pinta. Este mundo del arte es muy competitivo y todos queremos ser grandes y perfectos artistas. Ya sabe que el "perfeccionismo" es una trampa que nos paraliza: como no puedo hacerlo perfecto me frusto y no lo hago. Como no puedo pintar el mejor cuadro, no lo hago. Pero luego están todos esos artistas de su ciudad o de su país que hacen cosas y van adelante. Ellos pintan lo que sea, pero pintan.

La mente normal piensa que hay que hacer las cosas perfecta, la mentalidad de artista piensa que hay que hacer las cosas "casi perfectas" y algún día me saldrá algo perfecto (estaba inspirado). Si me pongo ante una magnifica hoja de papel y me digo: "Voy a hacer un dibujo perfecto, ideal, super creativo", resulta que me da miedo empezar, he puesto en el dibujo tanta responsabilidad que me da pánico, mucho miedo (a esto los psicólogos le llaman "bloqueo artístico"). Ahora, si ante la misma magnífica hoja de papel me digo: "Vale, vamos a dibujar, pero lo vamos a hacer casi perfecto", pues resulta que empiezo a dibujar y surge una obra. El concepto de "perfecto" es una clavo que usted y solo usted tiene en la cabeza, y la gracia es que solo usted y nadie más tiene ese concepto. Para usted "perfecto" es igual a "imposible", "sobrehumano" y claro, abandona, no se atreve ni a comenzar una línea.

La mentalidad de artista no piensa en "hacerlo perfecto", simplemente en "hacerlo" o como mucho en "hacerlo casi perfecto". Solo el público pensará que su obra es perfecta. No existe el momento perfecto, el lugar perfecto, los materiales perfectos, la silla perfecta, las condiciones perfectas. Solo existen las condiciones más adecuadas que nos permitan crear obras.

Un día vi en la tele una cantante de ópera cantando a capela. Precioso, perfecto, ideal, mágnifico. Pero al terminar ella dijo: "Perdonen, pero hoy no tengo la voz bien". "¡So tonta!", me dije. "Ha sido maravilloso y me lo acabas de estropear. ¿Para qué dices nada de que no tengo la voz bien?". Los artistas perfectos siempre están descontentos, sin embargo, de los artistas "casi perfectos" la gente dice que ha sido "perfecto".

Hay que pintar según sus posibilidades de tiempo, lugar, fuerzas físicas, etc, pero pinte. Hágalo, normal o casi perfecto, pero pinte.



Eterna creatividad

Al artista se le exige que sea creativo. En el mundo artístico se dice que se ha de investigar, experimentar, impresionar, ser genial, innovador, con estilo... pero todo es lo mismo: hacer algo nuevo.

Pero la realidad es que hacer algo nuevo lo han hecho muy pocos, los que hacen variantes de lo nuevo son algunos más y los que repiten lo nuevo que inventaron otros son todos los demás. Por ejemplo, crearon algo nuevo los artistas informalistas (abstractos), después aparecieron unos seguidores que hicieron variantes de las posibilidades del informalismo y actualmente cada ciudad tiene su o sus artistas abstractos que solo hacen repetir lo que ya estaba inventado, pero son los modernos de la ciudad o del pueblo.

Lo mismo ocurre con el graffiti, que lo inventó un mensajero que en Nueva York pintaba su nombre por todos lados en los años 60, que mejoraron los de los barrios negros y que hoy día imita cada joven en su barrio con unos magníficos botes en spray que jamás tuvieron los pioneros.

He leído algunos cuantos libro sobre creatividad y todos están muy bien, pero cuando intentas practicar la creaticidad puedes tropezarte con un muro, el muro de la realidad, que es que no te surge nada. Porque la realidad es que pioneros no hay y no se puede hacer variantes si antes no has dado con un pionero. Lo que te queda es repetir lo más moderno que se encuentre. Qué dicen la mayoría de artistas: "Me he inspirado en...", que en realidadquiere decir: "He copiado a... ". Un diseñador de muebles dice: "Me he inspirado en los armario de lo médicos de principios del siglo XX". Cuando mirar la inspiración te dice. "Vamos, que lo ha calcado, son iguales".

Si te pones a buscar algo nuevo, aguantas media hora pensando, como mucho dos y enseguida lo que quieres es dejarlo, abandonar, no tener que pensar, no tener que romperte la cabeza para no sacar nada en claro.

Ahí está la clave de la creatividad, tener la capacidad de aguantar las ganas irresistibles de dejarlo. Pasarse cinco horas seguidas delante de unos papeles en blanco intentando hacer todos las posibilidades hasta que se vea algo de luz es durísimo. Sí, un día te puedes pasar cinco horas así, pero al día siguiente no aguantas la meta de las cinco horas. El creativo necesita horas y horas de pensar hasta que le surja la idea, las ideas o una tras otra. Pero enseguida vuelves a no tener ninguna días y días, y tienes que seguir aguantado las ganas irresistibles de dejarlo, hasta que te venga otra idea. Nadie quiere sufrir, pero ser creativos es sufrir si realmente quieres tener ideas.

En los libros sobre creatividad a esto de aguantar las ganas irresistibles de dejarlo le llaman ser persistente. La cualidad de la persistencia creo que es la única válida. Si usted es capaz de aguantar será creativo para la eternidad. Todas las demás cualidades de la creatividad son secundarias y las puede lograr con práctica, pero la de la persistencia es la más difícil de todas. Hoy día estamos educados a que cuando algo nos molesta eliminarlo. Le aseguro que ser creativo, realmente creativo, es muy molesto, se sufre y hoy día estamos acostumbrados a darle al botón del mando a distancia cuando el programa de la tele nos molesta lo mínimo.

Actividad:

Prueba de "cuanto aguanta sin ideas". Tiene que disponer de tiempo (cinco horas seguidas, por ejemplo). Tome mucho papel y un lápiz, dibuje un signo sencillo (un círculo, una equis, un óvalo) y pógase a invertar cosas o ideas que se puedan hacer a partir de ese signo. Vamos a ver cuánto tiempo aguanta su creatividad.

Este ejercicio lo hago con los alumnos, pero no durante cinco horas, propongo cinco minutos. La mitad de los adolescente a las 4 o 5 ideas, ya no saben qué hacer. En un grupo de alumnos a los dos minutos casi todos están hartos de pensar (y angustiados). A lo mejor hay un alumno o alumna que llega a los cinco minutos.

Pero para los niños es un juego, un test, pero para un artista no valen de nada cinco minutos, se lo hace sin esfuerzo, ha de probar cinco horas para ver cual es su límite real de creatividad. En esta prueba puede tener parones en blanco, pero debe estar esperando y pensando sobre el tema. 

El resultado es que va a tener minutos en los que le surgen ideas y muchísimos más minutos en los que va a estar en blanco (bloqueado), hasta que le surjan otros minutos de ideas. Es el tira y afloja. La creatividad está en ser capaz de aguantar el agobio, la desesperación, la frustración, las ganas enormes de dejarlo, de abandonar.

Pero ¿no es esta la labor del artista, ser creativo, procurar sacar de su cabeza algo nuevo? La actividad de pensar es lo fundamental y ha de entrenarse en aguantar las ganas irresistibles de dejarlo para esperar a que le lleguen las ideas.

CONCLUSIÓN: Creatividad es ser capaz de aguantar las irresistibles ganas de dejar de pensar hasta que le surjan las ideas.



¿Y si...?

Ser creativo de verdad, es decir, ser un pionero, es casi imposible. Ser seguidor de un pionero nada más aperecer es dificilísimo porque primero tenemos que encontrarlo, adivinar que es un pionero y estar dispuesto a hacer variantes de su descubrimiento. Lo que nos queda es hacer arte "inspirándonos" (copiando) más o menos lo que ya se ha hecho, ya sea antiguo o actual.

Por ejemplo, hay artistas que hacen retratos al estilo barroco, impresionista, expresionista, que dibujan al estilo Renacentista, que hacen instalaciones como en los años 60, que pintan bodegones, paisajes ingleses, acuarelas a lo Turner, abstracción geométrica, matérica. La diferencia está en que puede repetirse un retrato barroco muy bien o muy mal, y se puede trabajar en ello.

De modo que si usted pone su creatividad a trabajar y no le aparecen las ideas geniales, no se angustie y pinte la segunda idea, la tercera, la cuarta... o la que sea, pero pinte. No deje de pintar porque no tiene una idea genial, pionera.



Lo que todos deberíamos perseguir

Tenga la idea que tenga, los pintores actuales tienen un grave problema, que hay millones y millones de pintores en el mundo. Los hay famosos, profesionales, semiprofesionales, buenos aficionados, aficionados esporádicos, domingueros, los que lo prueban todo, los jubilados... Si usted quiere sacar algo del arte de pintar y no ser del montón (porque se puede estar muy satisfecho haciendo sus cuadros sin pretensiones) ha de lograr esto:

Diferenciarse de los demás.

Imagine que todos los pintores del mundo están en una manifestación como hormigas. Los únicos que llaman la atención son los que se diferencian de lo demás. Digamos que se han subido a una escalera y han sacado el cuerpo por encima de las cabezas de los demás.

Ahí está la clave de la Historia del Arte, hemos estudiado lo que se diferenciaba de lo anterior. En Historia del Arte a esa diferencia se le ha llamado estilo, características, movimiento, ismo, periodo, pero lo que pasaba era que el Renacimiento se diferenció del Gótico, el Barroco del Renacimiento y así sucesivamente.

Cuando el alumnado me pregunta: ¿Qué es el Arte? Les respondo: "El Arte es el arte de no repetir lo que hacen los demás". 

Cuando pensamos es un artista famoso lo describimos brevemente por lo que se diferencia de los demás. Ejemplos:

- Picasso: las partes de un retrato cada una torcido para un lado.
- Fernando Botero: personas gordísimas.
- Caravagio: mujeres de pueblo representando a la Virgen.
- Mondrian: Cuadrilateros con colores básicos chillones.
- Manet: bailarinas con tutú al pastel.
- Crhisto: Empaquetado de edificios.
- Pollok: Chorreo de pintura a lo loco.
- Basquiat: Grafitis en lienzos.
. El Greco: personas alargadas.
Y la lista sería muy larga.

Evidentemente las diferencias que hemos nombrado son muy elementales, el arte de cada uno de estos artistas es más complejo, pero aquí nos hemos referido a las "diferencias" que el público recuerda y que identifica al pintor.

Si un artista no procura diferenciarse de los demás, es una hormiga más en la manifestación de pintores.

Actividad: 

Estudie cómo diferenciarse de los demás, por qué característica, ya sea el tema, la forma, el color, la textura, la pincelada, la perfección, la improvisiación su imagen, la ropa, el nombre, sus locuras. Usted tiene que descubrir qué le puede diferenciar de los demás. Yo no se lo puede dictar a usted qué tiene que hacer para difernciarse, si yo descubriera esa diferencia, no se lo dería y me lo quardaría para mí.

CONCLUSIÓN: El que vea una cuadro suyo tiene que decir: "Este cuadro es de (ponga aquí su nombre)".


Encuentre su cuadro

Coja un libro de Historia del Arte que tenga muchísimas fotos. Vamos a repasar juntos el libro. Vamos a empezar de atrás hacia delante, es decir, desde el arte actual hasta el primitivo.

Continuará... (en proceso). Perdone las erratas, las estoy revisando, paciencia, por favor.


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