Cómo disparar la productividad del artista pintor
 
Cómo disparar la productividad del artista pintor





¿Le ocurre que...?

- Quiero dibujar y pintar muchísimo más.

- Estoy muy agobiado porque tengo poca obra artistica.

- Mi familia no hace más que interrumpirme constantemente y no me deja pintar.

- No aprovecho bien el estudio o taller, no estoy nada cómodo.

- Paso de una actividad a otra constantemente, no me centro.

- Tengo un montón de obras empezadas y nunca las acabo.

- El tiempo no me cunde, cualquier otra cosa me entretiene

- Así no voy a llegar a ningún lado.

- Cuando estóy trabajado no me concentro en la tarea, se me va la mente, sueño despierto.

- Me dicen que soy un vago.



¿Tengo solución?

Sí tiene solución. Se favorece la concetración y la productividad diseñando o reformando su lugar de trabajo y cambiando su forma de pensar. Organizando el espacio de otra manera a la habitual de los artistas, se obliga usted mismo a concentrarse y a producir. Al notar que se concentra, que está más tiempo dibujando, pintando, se motiva y produce más. Elimina las "torturas mentales" que usted mismo sufre. Ve que sus posibilidades de progresar tienen un verdadero camino que puede andar.



¿No será esto un rollo, otra pamplina?

Este artículo no es una recopilación de "cómo producir más" que aparece en Internet. Muchas web son eso, una simple recopilación de todos los consejos que el autor encuentra en la red, sea verdad o mentira. En mi caso, sepa que soy también artista pintor, que tengo una alta productividad, que estos consejos son fruto de mi experiencia personal, que desde hace tiempo he buscado cómo concentrarme más y cómo producir más. Es un método sencillo pero efectivo, que le arrastra a la concetración y a la productividad. También me he basado en la observación de los estudios o talleres de otros artistas famosos que tienen una alta productiviadad. Los artistas famosos están obligados a trabajar mucho, a producir, porque el mercado se lo exige y no han tenido más remedio que buscar la manera de hacerlo.



Comencemos:



¿Tiene mi estudio las posibilidades correctas?

Todo artista pintor tiene un estudio (o taller, vamos a llamarlo "estudio" a partir de ahora para entendernos). Cada cual tiene un estudio según sus posibilidades. Puede ser desde un pequeño rincón hasta una enorme nave.

Un pintor que conocí hacía sus cuadros en el dormitorio del matrimonio, en el pequeño espacio que había entre la cama y la pared. Allí tenía un caballete veneciano, una silla y la caja de pinturas bajo el caballete. Cuando teminaba recogía y a dormir. Sin embargo, este hombre producía y vendía sus pequeños cuadros entre sus conocidos. Para mí era increíble que pudiera trabajar con tantas ganar en un lugar tan reducido. Pues la verdad es que se concentraba y pintaba todos los días.

Otro artista famoso, como muchos que usted conocerá, tenía una nave de un caserón en medio del campo. La nave era de quince por diez metros. En la nave pintaba un cuadrito sentado en una silla y con el lienzo sobre sus piernas. Tenía también tres enormes caballetes de estudio, que por supuesto usaba. Pero cuando pintaba cuadros pequeños le gustaba tenerlo en las piernas. En medio de aquella nave se veía al artista como si fuera un punto en medio de tanto espacio. En otra nave algo más pequeña tenía el taller de grabado; en otra, guardaba los cuadros y en otra, dibujaba. El estudio estaba separado de la casa familiar. Todas las mañanas se daba un paseo de unos cien metros por una vereda que le llevaba de la casa familiar al estudio.

Vale, un artista es muy pobre y otro muy famoso, pero los dos tienen algo en común: que se concentran pintando y producen mucho. ¿Y por qué? Por las posibilidades que le brida su espacio. Cada uno, en su estudio, solo puede trabajar creando obra y nada más.

Aquí está la clave, pregúntese: ¿En mi estudio solo puedo trabajar o tengo la posibilidad de hacer muchas más cosas que no tienen que ver con crear obra?

El pintor pobre tenía tan poco espacio y frente a una pared blanca que no se podía mover, para levartarse tenía que armar la de san Quintín, como estaba pegado al rincón de la habitación no tenía otra posibilidad que pintar.

El pintor famoso, cada mañana, salía de la casa familiar, caminaba los cien metros y se metía en su enorme estudio, pero solo tenía la posibilidad de pintar, dibujar, hacer grabado calcográfico y pis en un cutre aseo. En su estudio, aunque podía andar de un lado a otro, estaba en realidad encerrado en una jaula, en una ratonera donde solo podía trabajar y nada más, no podía hacer otra cosa.

Ha que analizar si en su estudio solo tiene la posibilidad de crear obra y nada más. Si en su estudio hay la posibilidad de hacer más cosas, ha de corregirlo inmediatamente y eliminarlas. En un estudio solo se va a trabajar como el que va a una fábrica para hacer pantalones, ordenadores, coches o a un banco para atender a clientes que ingresan y sacan dinero... ¿A que en la fábrica de pantalones no hay posibilidad de leer un libro, de ver la tele, de echarse en el sofá, de que le visite un amigo para charlar una hora, de que su esposa le diga que tiene que salir a comprar unos mandados, o que su hijo le diga que le explique el tema de Sociales? En la fabrica solo puede hacer pantalones ocho horas con quince minutos para el bocadillo. Pues tenemos que hacer lo mismo en nuestro estudio, si queremos concentrarnos y producir, hay que tener el estudio solo para trabajar creando arte... y nada más.

Actividad:

Haga una lista de todas las cosas que puede hacer en su estudio diferentes a dibujar, pintar, hacer grabados, es decir, diferentes a producir obras de arte. Estoy esperando que escriba la lista. Ahora, no luego..

Pues tenga claro que todo lo que hay en esa lista tiene que eliminarlo radicalmente.


Mi experiencia

Cuando empecé de pequeño a pintar lo hacía en una terracita con mi caballete plegable, una silla y la caja de pinturas. Fue una etapa productiva. Estaba en las mismas condiciones que el pintor pobre. En mi casa no había espacio, en la terraza tenía que quitar cosas para instalarme y ponerme a pintar, y claro, tenía que aprovechar la mañana. Si paraba, mi madre estaba detrás exigiendo que le dejara la terraza para tender los trapos, de modo que no me levantaba para que no me echara.

Cuando tuve una casa, puse el estudio en una habitación. Era feliz. Si cuando estudiaba en la Facultad de Bellas Artes solo tenía el espacio de un alumno (reducido), ahora tenía una habitación para mí. Pero mi productividad bajó enormemente. Mi habitación-estudio era de lo más incómodo: cuadros apilador, paredes llenas de pinturas y carteles, la mesa con toda clase de tubos, botes, latas, brochas secas, disolventes y productos raros. Le faltaba poco para que se pareciera al estudio de Francis Bacon. Sí, era muy romántico y típico de artistas, pero en el estudio de Bacon solo podía pintar él porque, supongo que tendría el síndrome de vivir en la basura, pero a mí, en realidad no me gustaba. Cuando estaba agobiado me salía del estudio para pintar en el salón, pero allí estaba mi mujer para regañarne y no le llenara las cortinas de óleo y la casa del pestazo a aguarrás. "¡Ordena el estudio y limpia!", me sugería mi mujer. Con buena voluntar sacaba todo, limpiaba y lo volvía a meter, pero al final me quedaba el estudio limpio, y casi igual de agobiado. En pocos días estaba igual que siempre.

El problema era que en mi habitación-estudio no solo tenía la posibilidad de pintar, sino de hacer muchas más cosas, pues el estudio estaba en mi casa. Pensaba en comer y dejaba los pinceles para ir a la nevera y ponerme una buena merienda. Pensaba en la clase de Dibujo Técnico que tenía que dar en el instituto y dejaba los pinceles para prepararme el tema en el despacho. Pensaba que me faltaba algún tubo de óleo y me iba a comprar a El Corte Inglés. Pensaba que estaba cansado y me echaba en el sofá quedándome dormido. Escuchaba qué la gente gritaba porque habían metido un gol y encendía la tele para ver el partido. En mi habitación-estudio podía pintar, pero también la posibilidad hacer muchísimas otras cosas diferentes. 

La baja productividad me perturbaba y, por el cabreo, solo quería ser profesor de Dibujo y no artista. Hasta tenía cerrada la puerta de la habitación-estudio para no verla ni entrar. Los cuadros inacabados se amontonaban y en el caballete tenía puesto, como de decoración, un retrato de mi esposa a medio acabar.

La crisis fue tremenda y entonces pensamos en buscarle solución: tener un estudio separado de la casa familiar comprando un piso en el barrio (como el artista famoso). Tras años de ahorro y ver posibilidades, pude tener un piso-estudio, es decir, una casa solo para producir obra. Hice la distribución del piso teniendo una habitación para dibujar y librería enorme para leer, el salón para pintar, dos habitaciones de almacén de obras, la cocina para almacén y hacer grabados. 

Al principio el estudio estaba despejado, pero en pocos años se llenó prácticamente como la habitación-estudio de mi casa, con la diferencia de que tenía más cuadros sin terminar, más muebles, más libros, más CD, más lienzos por imprimar, cuadros más grandes, más herramientas de carpintería, más marcos por hacer, más planchas por grabar, más dibujos, más amigos que me visitaban, más fiestas en el estudio, más clientes que se tropezaban con las cosas, más arena, tierras, pigmentos, bastidores, disolventes, aceites, barnices, fijadores, paletas, trípodes para fotografía, trípodes para lámparas, laboratorio fotográfico, cubos enormes para papel hecho a mano. Al principio producía pero después la "fábrica" se paró. Al estudio venía todo lo que le sobraba a los demás: la mesa de mi suegra, el archivador de mi hermana, los muebles viejos del salon tras renovarlo, el zapatero, el espejo de pie, el perchero... Y por inri, hasta lo que me encontraba en la basura que me podría servir para pegar en un cuadro.

Yo no era una excepción, los estudios de los compañeros eran parecidos, más grandes o más pequeños, pero igual de agobiantes. El espacio real de trabajo equivalía a dos metros por dos metros porque lo demás eran cosas que ocupan espacio. La venta de cuadros dificilmente supera a lo que se acumula en el estudio.


Me vino una iluminación

Un día me topé por casualidad con una revista en la que salía el reportaje del pintor Fernándo Botero en su estudio de París. Los ojos se me quedaron pegados a las fotos. Su estudio era grande pero sencillo: un ventanal, el caballete, un cuadro grande, una mesa auxiliar y cuatro o cinco cuadros apailados contra la pared. "¡Esto! ¡Esto es lo que yo quiero!", pensé. "Este tío (con perdón) solo puede pintar y en el estudio tiene lo justo, nada más". Y es que no se necesita más. 

Con el tiempo había convertido mi estudio en un almacén, en un trastero; sí, lleno de cosas relacionadas con el arte pero no me ayudaban a pintar, al contrario me paralizaban o me llevaban de una tarea a otra, de un entretenimiento a otro y terminando muy pocas obras. Es como si, por poner un ejemplo, tiene un estudio lleno de montañas catalogos y libros de arte, y un reducido espacio para pintar; sí, el estudio está lleno de cosas de arte (los catálogos y libros), pero ¿de qué le sirven?


El cambio

Me dio por ver los estudios de muchos artistas famosos y la mayoría tenía lo mismo en común: una nave enorme, el lienzo gigante, una o dos mesas auxiliares junto al cuadro, una silla y poco más. Pero lo más común de todos los estudios era: mucho espacio libre. Cuando más grande era el estudio del artista famoso, más espacio libre tenía; cuanto más pequeño, más agobiado de cosa se encontraba. Parece que el que tiene poco espacio se dice a sí mismo que ha de tener muchisimas cosas para aprovecharlo.

Rápidamente me puse las pilas y decidí simplificar mi estudio y mi vida de artista. Me dije: "A partir de ahora voy a pintar de la siguiente manera: compro el lienzo ya hecho y no me complico en tener que imprimarlo; compro el óleo del mejor y no me complico haciendo el óleo artesanalmente; para disolver la pintura, solo aguarrás y un medium para óleo ya fabricado por una buena empresa y no me complico la vida haciendo diez recetas de mediums; nada de pegar objetos en los soportes de tabla y no me complico acumulando tierras de todos los colores, serrín, polvo de mármol, polvo de piedra pómez, maderas (que parezco una carpintería), revistas (más que en un quiosco), papeles y toda la basura que los demás tiran al contenedor; para dibujar solo buenos blocs de papel y grafito, y no me complico la vida con todos los papeles del mundo, hojas sueltas de todos los tamaños, rollos que se sueltan, recortes de trozos que me sobran, carpetas y dibujos que se esconden en los rincones; aquí lo que tengo es que pintar y dibujar con facilidad pero con calidad y estilo".

Dicho y hecho me puse a tirar y a tirar trastos en pocos días sin piedad. Todos aquellos muebles que tenía por si me hacían falta fueron al basurero, hasta la nevera donde guardaba cuatro latas de refresco hice que se la llevaran unos chatarreros. Pensaba arrasar con todo lo que no me sirviera para ser un artista como tenía pensado.


El nuevo estudio

Tras la vertiginosa limpieza, que hasta mis vecinos pensaban que me mudaba, me quedé con lo siguiente:

Habitación para dibujar: mesa de oficina, sillón de secretaria y gran estantería.

Salón para pintar: Caballete de estudio, dos mesas auxiliares y tres armarios de reducido tamaño.  La misma silla de dibujar me la llevaba al salón para cuando pintaba, ni una más.

Dos habitaciones de almacén para la obra terminada: una para dibujos y la otra para cuadros.

Cocina: solo con la encimera y los armarios para guardar material nuevo y los embalajes de madera para enviar los cuadro.

Aseo: Bañera vacía, lavabo para las manos y limpieza de pinceles, váter y escobero de limpieza.

Fuera cortinas y puse tubos fluorescente de temperatura de color 86 en la zona de dibujar y la de pintar.

Y fin.


Nueva etapa 

Con mi estudio reformado y simplificado noté una gran mejoría. De nuevo tuve una estapa muy productiva. No tener que grapar los lienzos e imprimarlos, no tener que preparar pintura, no tener que pegar nada en los soportes hizo que solo me dedicara a pintar (que era lo que en realidad quería) y no entretenerme en otras cosas. Todo porque solo podía trabajar unas horas unos pocos días a la semana y se me iba el tiempo en preparativos. Ahora solo tenía que entrar en el estudio, echar óleo en la paleta, tomar un pincel y pintar. Antes, tenía tantas cosas pendientes que cuando iba a pintar estaba cansado.


¿Por qué no podemos ser felices?

A pesar de tener un estudio simple, con lo justo, comenzaron de nuevo las dificultades, los parones y el entretenimiento. La mesa de oficina para dibujar estaba a rebosar y en realidad me quedaba una cuadrado de cincuenta por cincuenta centímetos para dibujar donde los codos trapezaban con lápices, tubos de acuarelas, botes de témpera, tijeras, martillos, chinchetas, dibujos por terminar, hojas de acuarelas pegadas en tableros, los brik de los zumos y restos de bocadillos.

En la librería tenía ejemplares de arte, catalogos, manuales de técnicas artisticas, revistas, encicloperias, material de fotografía, cartas e invitaciones sin abrir, latas con pinceles, lápices de todas clases, trabajos escolares del alumnado. Por el suelo se ivan acumulando bolsas de la compra con material nuevo, ofertas de los bazares asiáticos, cajas de rotuladores incompletas y a medio secos..

En el salón de pintar tenía lienzos vacios de todos los tamaños, cuadros colgados por todas la paredes como si fuera un retablo, pinturas a medio hace, lienzos fallidos.

En los almacenes los cuadros se apilaban, se llenaban de polvo, tenía accidentes al moverlos, no podía limpiar el suelo nada más que por las partes libres.

Ahora solo dibujaba, pintaba, tenía solo cosas para trabajar, pero me agobiaba. En vez de trabajar me entretenía leyendo los libros de arte, repasando los conocimientos, revisando las técnicas artísticas, atendiendo al móvil, escuchando música clasica, colgando cuadros en la pared, quitándoles el polvo. Salía mucho del estudio, para tomar un café, para ir a comprás, para dar un paseo y relajarme, para hacer fotos en la calle. El resultado es que la "fabrica" se fue parando poco a poco... hasta que se paró del todo.


¿Y ahora qué?

¡Eso! ¿Y ahora qué te pasa? Tienes un piso-estudio sooooloooo para dibujar y pintar, has tirado todos los trastos. Lo único que tenías que hacer era sacar óleo del tubo y darle al pincel, poner la hoja y darle al lápiz y no haces ni una cosa ni otra. ¿Qué escusa vas a poner ahora? ¿Por qué no pisas el estudio y prefieres hacer un bocetito en el sofá de la casa familiar en pijama y con la tele encendida? Ya estás como Fernando Botero en su estudio de París, con mucho espacio y con los materiales para trabajar, ¿por qué no produces como Fernándo Botero que tiene ochenta y pico de años y no para de producir?. ¡No me lo nombres, no me lo nombres al Fernando ese que me pongo malo! No tengo ni idea de por qué ahora que lo tengo todo ni me concetro ni produzco.


Hay que seguir

Vaya, ahora que estoy en la madurez no voy a tirar la toalla. Después de tanto sacrificio empezando a pintar de niño, de ir al la Escuela de Artes Aplicada, de ir al la Facultad de Bellas Artes, de hacer las oposiciones, de estar todo el día enseñando a hacer arte, de no tener un estudio, de haber tenido una habitación-estudio, de haber comprado un piso-estudio, de haber tirado todo lo que te sobra, ¿vas a dejarlo?

¡Claro que no! Pero la realidad es que no tengo ganas de pintar, no me concentro y no produzco, la "fábrica" ha quebrado, ha cerrado, ¡capú!

Tras un periodo en espera, había que buscar soluciones porque siempre está el gusanillo que te dice: "Dibuja, pinta". Y a rastras mueves el lápiz aunque por poco tiempo.


Encontré una posible solución..., ¿funcionará?

Busqué en la red. Puse: "cómo producir más" y empezaron a aparecer páginas y páginas, pero con humildad me puse a leerlas una a una, por orden y con el lápiz en la mano para hacer anotaciones. Había toda clase de páginas: para empresas, para talleres mecánicos, para oficinas, para el hogar, para lo que sea. Enseguida me di cuenta que unos se copiaban de otros y los diez, veinte o sesenta tips de recomendaciones se venian a repetir con más o menos extensión. 

¿Qué venian a decir? Pues, más o menos, que "a caminar se aprende camindo", es decir, que si te entretienes que no te entretengas, que si llegas tarde que llegues temprano, que si no te concentras que te concentres, que si eres un vago que te pongas a trabajar, que si no tiene novia que te pongas guapo y a buscar, que si gastas mucho que salgas sin dinero y así con todas las recomendaciones que aparecen en la red, vamos, pura lógica.

Pero tras tanta lectura decepcionante no pude solucionar mi problema. Hasta pensé en ir a un psicólogo que me pusiera en terapia, pero eso de tenderme en un diván a contale mi vida como una cotorra, la verdad es que no se me apetecía para al final llegar a la conclusión de que he de divorciarme (¿por que el que va al psicólogo siempre concluye que ha de divirciarse?). Además, ¿qué sabe un terapéuta de pintura, de dibujo, de habitaciónes-estudios, de pisos-estudios, de cuadros a medio acabar, de exposiciones, de vender cuadros, de tasaciones?. ¿Qué me iba a recomendar? Que acabe los cuadros diceéndome a mí mismo mil veces. "Tienes que acabarlos, tienes que acabarlos, tienes que acabarlos...".


Nueva iluminación

Veía la tele. Un reportaje de un banquero, uno de los hombres más ricos, hablaba maravillas de aquel hombre, claro, no iban a hablar mal, casi todos tenemos la hipoteca en uno de sus bancos. Pero viendo el reportaje, apareció una escena de él en su despacho trabajando. Vale, un despacho enorme con una mesa enorme vacía. ¡¡¡Vacía!!! ¡Que uno de los hombres que más trabaja y más decisiones toma tiene la mesa vacía, sin montañas de papeles hasta el techo! Es que ni bote de lapicero (de lujo aunque sea). Estaba sentado ante la mesa y al lado un secretario con una carpeta. El secretario le ponía delante un papel, el banquero lo leía, le pedía aclaraciones al secretario. Acababa firmando con su pluma sacada del bolsillo o rechazándolo, el secretario guardaba el papel y sacaba otro. Lo mismo: leer, preguntar, aclarar, firmar o rechazar y guardar el papel. Más sencillo imposible.

En otra escena un grupo de ejecutivos alrededor de una mesa llena de informes. El banquero llegaba y todos permanecían de pie. El banquero señalaba a uno de los ejecutivos para que hablara del asunto en cuestión, del que el banquero se acordaba perfectamente. El ejecutivo le contaba todo lo que tenía que decir y el banquero permanecía en silencio, ni interrumpia. Al final le daba una orden y al siguiente ejecutivo.

Tras el reportaje me quedé impresionado

Continuará... (en proceso).


(C) 2018. Miguel Fernández. Todos los derechos reservados 



 
  8265 visitantes  
 
=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=